He tomado la pluma de nuevo.
No puedo dejar de pensar.
Quizá sea un sueño que perseguía con los pies congelados e inquietos, con el alma deshilada y una sonrisa simultanea.
Tengo en la cabeza una melodía de una idea que no puedo repetir.
- Parece un sueño no?
- Sí
- Todo cuadraría perfectamente si me dijeras que lo soñaste...
En mi garganta hay un llanto desenfrenado que ayer se perdió. Fue a caminar... a despejarse un rato.
Olvidar lo ya olvidado. Aferrarse a un estado neutral. Que si olvidas tú o alguien más... ¿importa?...
Si uno no es lo suficientemente importante, pero tiene el autoestima alto... es incorrecto. Habrá que ser estimulantes con una canción que no podrás bailar.
Se me fue la vida mientras dormía, mientras pensaba que en mi inocencia se encontraba la belleza, los errores eran ajenos y yo era feliz.
- "¿pero, qué es la felicidad?... estaba bien"
He imaginado un mundo equivocado... donde lo incorrecto es lo normal.
Yo extraño, siendo solo una figura con sombra, un sueño vago y enternecedor, un tarareo saliendo de mis labios. Yo extraño... siendo un aroma de vainilla y un poquito de canela. Un sabor a chocolate, tabaco y sal. Yo extraño siendo un toque de tinta y otro de barniz.
Yo extraño... sí.
Estoy convencida que esto tiene que detenerse en algún momento, que no es para siempre. Salgo a caminar.
Retomar lo que empecé alguna vez. Continuar con estas palabras que alguna vez escribí.
Desperté a consciencia de que este día sería diferente.... Peor.
Después de la tonada de incógnita divagué un tiempo mirando el techo mientras una lágrima recorría mi piel. ¿Por qué sucede eso?
Al salir de casa todo fue absurdo. Correteando una imagen, me detuve... o me contuve. Decidí esperar. En el camino sólo veía a la otra gente, esperando llegar a su destino; tranquilos, pasivos, exhaustos porque el murmullo no les salió. De pronto... divisé risas, divisé cariño, divisé abrazos... me volteé.
Me resigné a seguir mi camino, aunque este día no pareció de buenas decisiones. No sé qué me pasó.
Regresé a casa agotada. Regresé a casa copada.
El sillón con un gesto de ternura me acobijó entre sus brazos y me hizo olvidar. Olvidar lo ya olvidado. Y cantar esa melodía de una canción que no podré bailar...